“La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía.”[1]

Estas personas que nos enseñan cómo alcanzar la meta, son los Santos: cercanos, porque compartieron nuestras fragilidades y nuestras luchas, pero verdaderas estrellas de nuestra vida, porque vivieron las virtudes en forma extraordinaria.

Este blog quiere hacerte conocer a una mujer ejemplar. Hoy la Iglesia, que es Madre de los Santos, está estudiando y valorando sus virtudes y sus obras que hoy perduran: es la Sierva de Dios, Madre Eufrasia Iaconis, Fundadora de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires.



[1] Spes Salvi, N° 49

viernes, 10 de abril de 2015

Saludo Pascual



En 1913, la Madre Eufrasia se hallaba lejos de sus Hijas. Había viajado a Milán, con el objetivo de abrir un Noviciado, sin embargo "... no encerró su corazón en Italia... Vivió las alegrías y las tristezas como una Madre que por el bien de su familia ha tenido que alejarse..."[1]. 

Algunos fragmentos de las cartas que envió en esos días testimonian su cercanía en Semana Santa:

"…Durante la Semana Santa, ustedes, ¿cómo han pasado esos días? ¿Han tenido alguna función? ¿Comulgaron el Jueves y el Sábado Santo? Nosotras tuvimos Misa y comulgamos en casa el Jueves y el Sábado fuimos a la parroquia para asistir a las funciones y luego comulgamos. Hemos procurado hacer de nuestra parte todo lo posible para seguir las costumbres de allí "[2]


"Carísimas Hijas en el Señor!
                        Pax vobis! Alleluya! Todo nos incita a la alegría, a la dicha espiritual. Gocemos pues, unidas a Jesús resucitado y nuestra felicidad sea el fiel reflejo de nuestros corazones llenos de Jesús y de santos deseos de amarle y hacerle amar de quien nos rodea. La paz más pura y santa reine entre vosotras; esa paz que proviene de la tranquilidad de la conciencia y del cumplimiento exacto de vuestros deberes."[3]
          
En medio de nuestras preocupaciones cotidianas, pidamos la gracia de contagiarnos de la alegría con que la Madre celebraba la Pascua de Jesús. ¡Así, como ella, podremos transmitir ese gozo a nuestras familias!







[1] FERNÁNDEZ, Ana Ofelia (Servidora): Un carisma en buenas manos. Buenos Aires, Instituto Hijas de la Inmaculada Concepción, 2002. Pág. 47
[2] Carta de  M.E a las Hnas. de Barrio Vila- Rosario. Milán, 31 de marzo de 1913. AHFIC DE 3/ 4, 8, 18
[3] Carta de M.E a las Hnas. de Rosario. Milán, 13 de abril de 1914. AHFIC DE 3/ 4, 8, 31  

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