“La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía.”[1]

Estas personas que nos enseñan cómo alcanzar la meta, son los Santos: cercanos, porque compartieron nuestras fragilidades y nuestras luchas, pero verdaderas estrellas de nuestra vida, porque vivieron las virtudes en forma extraordinaria.

Este blog quiere hacerte conocer a una mujer ejemplar. Hoy la Iglesia, que es Madre de los Santos, está estudiando y valorando sus virtudes y sus obras que hoy perduran: es la Sierva de Dios, Madre Eufrasia Iaconis, Fundadora de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires.



[1] Spes Salvi, N° 49

martes, 3 de mayo de 2016

La confianza heroica de la Madre Eufrasia

El Padre Alberto, en la Homilía que pronunció durante la Misa celebrada en conmemoración de la partida al Cielo de la Madre Eufrasia, el 1 de agosto de 1993, reflexionó sobre algunos aspectos que le llamaron la atención en la vida de la Sierva de Dios.
El sacerdote destacó tres rasgos de la Madre, hoy les acercamos uno de ellos: su confianza heroica  

“Decirlo es fácil, pero confiar sin quebrarse en las pruebas de la vida que ella tuvo,  no es fácil. Eso supone una vivencia heroica de la confianza en Dios. Es tener la certeza interior de Aquel a quien he entregado mi vida, y es tener la confianza de que El dirige mi vida, orienta mi vida. Y esto es lo que tenía Madre Eufrasia, una confianza verdaderamente heroica.
Ella tuvo motivos suficientes para no seguir adelante, tuvo motivos suficientes para quedarse tranquila y cómoda. Pero no lo hizo, y no lo hizo, porque la fuerza divina que actuaba en ella la impulsaba a ver en cada dificultad, la necesidad de confiar más, de confiar cada día más, y esto hasta el heroísmo de la confianza”.[1]
En una próxima publicación les enviaremos otra de sus reflexiones…






[1] Homilía del Padre Alberto Eronti, 01 de agosto de 1993. El sacerdote expresó, también, haber leído una breve biografía de Madre Eufrasia.

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