“La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía.”[1]

Estas personas que nos enseñan cómo alcanzar la meta, son los Santos: cercanos, porque compartieron nuestras fragilidades y nuestras luchas, pero verdaderas estrellas de nuestra vida, porque vivieron las virtudes en forma extraordinaria.

Este blog quiere hacerte conocer a una mujer ejemplar. Hoy la Iglesia, que es Madre de los Santos, está estudiando y valorando sus virtudes y sus obras que hoy perduran: es la Sierva de Dios, Madre Eufrasia Iaconis, Fundadora de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires.



[1] Spes Salvi, N° 49

martes, 18 de febrero de 2014

¿ Cuáles son los signos contingentes[1] de la santidad?

En el proceso de una Causa de Canonización son relevantes los documentos que demuestran el cumplimiento de las gestiones eclesiales indicadas para cada fase, asimismo los que testimonian históricamente la vida y obra del Siervo de Dios, tanto los escritos, como las imágenes y los registros sonoros. Pero, también, son fundamentales las pruebas que atestiguan la presencia de los signos de la santidad.

Éstos son cuatro:

v      Fama de Santidad: Hace referencia a la buena fama, la buena reputación. Es la opinión extendida entre los fieles acerca de la pureza e integridad de vida del Siervo de Dios y de que practicó las virtudes en grado heroico. El cristiano debe ser humilde pero debe forjar una fama de santidad para ser imitado en su conducta, no por vanagloria. Dicha reputación no debe remitirse a un lugar sino extenderse por el mundo. Sin embargo, no se trata de sumar testigos sino de valorar también quiénes la sostienen.

v      Fama de martirio: es la opinión extendida entre los fieles acerca de la muerte sufrida por el Siervo de Dios por la fe o por una virtud relacionada con la fe.

v      Fama signorum, fama por los signos: es la opinión difundida entre los fieles acerca de las gracias y favores recibidos a través de la intercesión del Siervo de Dios. Es uno de los elementos más importantes de la Fama de Santidad. Los santos interceden por los creyentes y consiguen de la Misericordia divina lo que la gente les pide a ellos. Por eso debe considerarse como un criterio negativo, o al menos no positivo, la ausencia de favores recibidos por la intercesión de un Siervo de Dios. Debe de haber fama de signos que pruebe que la opinión de la gente sobre el Siervo de Dios no es mera percepción subjetiva con escaso fundamento. Esto es importante cuando, por el tiempo transcurrido faltan testigos del momento del martirio o de las circunstancias del mismo y por eso la presencia de una fama sólida y extendida entre la gente se presenta con mayor fuerza de lo que pudiera parecer a primera vista.



[1] Interesan los signos de la santidad frente a Dios, no en la interpretación de los hombres, por esta razón se utiliza el vocablo contingente. Ver: CARDENAL A. AMATO. Le cause dei santi. Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2012. Pág. 65.

El Diccionario de la Real Academia Española dice que la palabra contingente proviene del latín contingens, -entis, part. act. de contingĕre, tocar, suceder; que puede suceder o no suceder.

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